De la guitarra brota un chamamé instrumental con características propias. Esta composición es una ofrenda a la amistad, a ese modo de ser tan de Entre Ríos: la mano tendida, el rancho abierto, la escucha dispuesta y el mate siempre listo para acompañar la charla. A lo indecible con palabras, a esa entrega sin límites que es la verdadera flor del pago.